Descubre cómo la psoriasis puede afectar tus articulaciones y qué hacer

La psoriasis es una condición que va más allá de la piel. Para muchas personas, especialmente aquellas que también viven con diabetes tipo 1 o tipo 2, entender su conexión con problemas articulares es crucial para un manejo integral de la salud. Recientes hallazgos científicos han revelado cómo la inflamación característica de la psoriasis puede, en algunos casos, viajar silenciosamente hacia las articulaciones, desencadenando complicaciones que afectan la movilidad y el bienestar general.

Este proceso no es aleatorio. Células del sistema inmunitario que se activan en las áreas de piel inflamada pueden desplazarse a través del torrente sanguíneo hasta alcanzar las articulaciones. Una vez allí, pueden iniciar o exacerbar una respuesta inflamatoria local. La clave para determinar si esto ocurre reside en la capacidad de las articulaciones para mantener a estas células bajo control. Cuando este equilibrio se rompe, puede surgir daño articular progresivo.

¿Por qué es importante para las personas con diabetes?

La diabetes, tanto tipo 1 como tipo 2, ya implica un estado de inflamación crónica de bajo grado en el cuerpo. Cuando se suma otra condición inflamatoria como la psoriasis, el riesgo de complicaciones sistémicas, incluyendo problemas articulares, puede aumentar. Además, el dolor y la rigidez articular pueden dificultar la actividad física regular, un pilar fundamental en el control glucémico.

Mantener un buen control de la glucosa en sangre no solo es vital para la diabetes, sino que también puede ayudar a modular la respuesta inflamatoria general del cuerpo, potencialmente influyendo en el curso de la psoriasis y sus complicaciones articulares.

Señales de alerta temprana que no debes ignorar

Identificar los primeros signos de afectación articular puede marcar la diferencia entre un manejo preventivo y un daño permanente. Si tienes psoriasis y diabetes, presta atención a:

  • Rigidez matutina en las articulaciones que dura más de 30 minutos.
  • Dolor o sensibilidad en articulaciones como rodillas, tobillos, muñecas o dedos.
  • Hinchazón o calor alrededor de las articulaciones.
  • Dificultad creciente para realizar movimientos cotidianos.
  • Fatiga generalizada que no se explica solo por los niveles de glucosa.

Ante cualquiera de estos síntomas, es imperativo consultar con tu equipo médico. En México, un reumatólogo, en coordinación con tu endocrinólogo o médico tratante de la diabetes, es el especialista indicado para esta evaluación.

Estrategias de prevención y control en el contexto mexicano

El manejo proactivo es la mejor defensa. Aquí te presentamos un enfoque integral:

  1. Control glucémico estricto: Sigue tu plan de tratamiento al pie de la letra. El uso correcto de medicamentos como Metformina, Insulina (en sus diferentes tipos), Empagliflozina, Dapagliflozina o agonistas de GLP-1 como Liraglutida (Victoza®) o Semaglutida (Ozempic®) es fundamental. Nunca suspendas o modifiques tu medicación sin supervisión médica.
  2. Tratamiento específico para la psoriasis: Trabaja con un dermatólogo para mantener la piel lo más controlada posible, reduciendo así el foco de inflamación. Existen opciones tópicas, fototerapia y tratamientos sistémicos.
  3. Alimentación antiinflamatoria: Incorpora alimentos ricos en omega-3 (pescados como sardina y atún), antioxidantes (frutas y verduras de temporada mexicana como jitomate, chayote, nopal, guayaba) y reduce el consumo de ultraprocesados, azúcares refinados y grasas saturadas.
  4. Actividad física adaptada: Elige ejercicios de bajo impacto que no sobrecarguen las articulaciones, como natación, ciclismo estático o caminata en superficies planas. La consistencia es más importante que la intensidad.
  5. Manejo del estrés: El estrés puede empeorar tanto la psoriasis como los niveles de glucosa. Practica técnicas como mindfulness, respiración profunda o busca actividades que te generen tranquilidad.
  6. Monitoreo conjunto: Realiza visitas periódicas tanto con tu endocrinólogo/diabetólogo como con el dermatólogo y, si es necesario, con el reumatólogo. La comunicación entre ellos es clave para un manejo unificado.

El rol de la detección temprana

Los nuevos conocimientos sobre el viaje de las células inflamatorias abren la puerta a que los médicos puedan identificar marcadores de riesgo antes de que el daño articular sea evidente en radiografías. Esto podría implicar análisis de sangre más específicos o evaluaciones clínicas más detalladas en consulta. Para el paciente, esto se traduce en la posibilidad de intervenir con tratamientos modificadores de la enfermedad de manera más oportuna, preservando la función articular y la calidad de vida.

Empodérate: Tú eres el centro de tu cuidado

Vivir con diabetes y psoriasis requiere una actitud proactiva. Conocer cómo estas condiciones pueden interactuar te empodera para:

  • Ser un observador activo de tu propio cuerpo.
  • Comunicar de manera clara y detallada cualquier cambio o síntoma nuevo a tus médicos.
  • Cumplir con los planes de tratamiento de manera disciplinada.
  • Adoptar un estilo de vida que favorezca la reducción de la inflamación sistémica.

Recuerda, en México cuentas con instituciones como el IMSS, ISSSTE o la red de hospitales privados donde puedes armar un equipo multidisciplinario para tu cuidado. No subestimes la importancia de la atención integral.

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