El más reciente estudio de Ipsos, realizado en colaboración con Insight (Comunicación Estratégica y Humana) y PAS (Patients Advocacy Support), revela la percepción que existe en México sobre el llamado “sistema de salud paralelo”, conformado por Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) que atienden enfermedades de alto impacto y que cubren vacíos que el sistema público no logra resolver.
La investigación se llevó a cabo en México con 45 representantes de organizaciones de la sociedad civil y 7 entrevistas dirigidas a organizaciones que atienden cáncer infantil, cáncer colorrectal, cáncer ginecológico, VIH/SIDA, enfermedades cardiovasculares, distrofia muscular y padecimientos neurodegenerativos.
Uno de los principales hallazgos es la evaluación que las propias organizaciones hacen del sistema de salud público: el 91% lo califica como deficiente o muy deficiente, mientras que únicamente 7% lo considera aceptable y apenas 2% lo evalúa como bueno. Ningún entrevistado lo consideró excelente.
Entre los principales retos identificados destacan el desabasto de medicamentos, señalado por 33% de las organizaciones, seguido por la falta de personal médico capacitado, con 20%, así como las largas esperas para acceder a tratamientos y para obtener diagnósticos, con 13% cada una.
Los tiempos de atención también representan uno de los principales desafíos para los pacientes. El 80% de las organizaciones considera que los tiempos de espera han aumentado y el 40% lo identifica como el principal punto de mejora. A esto se suma un 73% que considera que los médicos de “primer contacto” no cuentan con la capacitación necesaria para favorecer diagnósticos certeros y oportunos.
El acceso a tratamientos para enfermedades catastróficas, es decir, de alto costo, igualmente resultó un tema con áreas de oportunidad. El 87% de las organizaciones considera que el acceso a estas terapias es deficiente o muy deficiente.
De acuerdo con el comunicado, estos resultados evidencian la percepción sobre un sistema de salud paralelo que, aunque no es reconocido formalmente, sostiene la atención de enfermedades de alto impacto en el país. Las organizaciones de la sociedad civil participantes en el estudio son las que, en la práctica, cubren los vacíos que el sistema público no logra resolver.
