Un nuevo estudio global revela que los estadounidenses confían más en la ciencia que la mayoría de los países, pero esta confianza está marcada por profundas divisiones internas. Según la última edición del Wellcome Global Monitor, presentada este 11 de octubre de 2026, el 52% de los estadounidenses afirma tener “mucha” confianza en la ciencia, en contraste con el 26% a nivel mundial. Este hallazgo, basado en encuestas a más de 140,000 adultos en 140 países, tiene importantes implicaciones para la salud pública, especialmente en el manejo de enfermedades crónicas como la diabetes.
Una confianza que sorprende en un país polarizado
Estados Unidos, un país profundamente dividido en temas como los beneficios y daños de las vacunas, muestra una confianza en la ciencia superior al promedio global. El estudio, realizado por la fundación británica Wellcome en colaboración con Gallup, encontró que el 45% de los estadounidenses estaría dispuesto a vacunarse de inmediato si un médico o enfermera se lo recomendara, en comparación con solo el 28% en Alemania. Además, mientras que a nivel global la proporción de personas que creen que la ciencia beneficia a la mayoría de la sociedad cayó del 42% en 2018 al 37% en 2025, en Estados Unidos aumentó del 48% al 57% en el mismo período.
Divisiones internas que preocupan
A pesar de estas cifras alentadoras, el análisis de STAT de los datos de Wellcome revela que la confianza en la ciencia en Estados Unidos está lejos de ser uniforme. Existen brechas significativas entre diferentes grupos sociales:
- División religiosa: En países de altos ingresos, la diferencia promedio entre personas religiosas y no religiosas que creen que la ciencia beneficia a la mayoría es de 5 puntos porcentuales. En Estados Unidos, esa brecha es de 24 puntos.
- División urbano-rural: La diferencia entre estadounidenses urbanos y rurales es de 19 puntos porcentuales, mientras que en otros países de altos ingresos es de solo 3 puntos.
- División educativa: Solo el 47% de los estadounidenses sin título universitario cree que la ciencia beneficia a la mayoría, frente al 71% de los graduados universitarios.
¿Por qué Estados Unidos es más extremo?
Matthew Motta, profesor asociado de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Boston, señala que los estadounidenses tienden a ser “encuestados más extremos” en las encuestas de opinión pública. Por ejemplo, solo el 8% de los alemanes se declara completamente antivacunas, frente al 13% de los estadounidenses. La mayoría de los alemanes prefiere “pensarlo un tiempo” antes de vacunarse.
El estudio también muestra que los grupos históricamente menos confiados no necesariamente están perdiendo fe en la ciencia. De hecho, la proporción de estadounidenses religiosos que creen que la ciencia beneficia a la mayoría aumentó del 46% en 2018 al 50% en 2025. Algo similar ocurre con los no graduados universitarios, cuyo porcentaje aumentó tres puntos en ese período.
Las causas de la creciente división
Lo que está impulsando la división no es un desencanto generalizado, sino un aumento del entusiasmo por la ciencia entre los estadounidenses altamente educados y seculares. Según Wellcome, los graduados universitarios y los seculares reportaron incrementos sustanciales en su apreciación de los beneficios de la ciencia: 13 y 15 puntos porcentuales respectivamente en siete años.
Brian Castrucci, presidente y CEO de la Fundación de Beaumont, que se enfoca en fortalecer la salud pública, advierte: “La gente se siente dejada atrás, no entiende cómo esto me beneficia”. Esta percepción es especialmente relevante para pacientes con diabetes, quienes dependen de avances científicos para su tratamiento y control.
Implicaciones para la salud y la diabetes
La confianza en la ciencia está estrechamente relacionada con la confianza en los sistemas de salud. Solo el 40% de los estadounidenses reportó mucha confianza en los hospitales y clínicas de su país, la misma proporción que en Portugal y Uruguay. Esta falta de confianza puede afectar la adherencia a tratamientos y la disposición a adoptar nuevas terapias, como los agonistas del GLP-1 (Ozempic, Trulicity) o la insulina avanzada.
En México y Latinoamérica, donde la diabetes tipo 2 afecta a millones de personas, estos hallazgos subrayan la importancia de comunicar los beneficios de la ciencia de manera accesible y cercana. La desconfianza en las instituciones de salud puede llevar a que los pacientes no sigan las recomendaciones médicas, lo que agrava las complicaciones de la diabetes.
El papel de los profesionales de la salud
Los expertos consultados por STAT enfatizan que los científicos deben mejorar su capacidad para comunicar los beneficios de la ciencia en la vida cotidiana de las personas, en lugar de esperar que el público confíe ciegamente en ellos. Mark Henderson, director ejecutivo de asuntos corporativos de Wellcome, aconseja “encontrar a las personas donde están” y abordarlas con comprensión, respeto y compromiso.
Para los profesionales de la salud que tratan la diabetes, esto significa explicar de manera clara cómo los avances científicos, desde la metformina hasta los dispositivos de monitoreo continuo de glucosa, pueden mejorar la calidad de vida. La comunicación efectiva es clave para cerrar la brecha de confianza y asegurar que los beneficios de la ciencia lleguen a todos.
Conclusión
El estudio de Wellcome Global Monitor pinta un panorama complejo: mientras que los estadounidenses confían más en la ciencia que el promedio mundial, las divisiones internas son profundas y podrían obstaculizar la adopción de medidas de salud pública. Para países como México, donde la diabetes es una preocupación creciente, es fundamental promover una comunicación científica accesible y construir confianza en las instituciones de salud. Solo así se podrá garantizar que los avances científicos beneficien a toda la población, sin dejar a nadie atrás.










