Un equipo de investigadores ha identificado 31 nuevas regiones genéticas asociadas a la acumulación de grasa en el hígado, casi duplicando el número de señales conocidas para esta condición. El hallazgo, publicado en la revista Nature Genetics, amplía la comprensión de la enfermedad del hígado graso no alcohólico, un padecimiento fuertemente vinculado con la obesidad, la resistencia a la insulina y la diabetes tipo 2, y que afecta a una proporción creciente de la población en México y América Latina.
El estudio combinó información de ADN con mediciones de grasa hepática obtenidas por resonancia magnética en 71,488 participantes del Biobanco del Reino Unido, todos de ascendencia europea. Los investigadores identificaron 60 regiones genéticas independientes asociadas con los niveles de triglicéridos en el hígado; de ellas, 31 no habían sido reportadas previamente para este rasgo. Según los cálculos, las variantes genéticas comunes explican en conjunto aproximadamente el 25% de la variación en la grasa hepática entre individuos.
¿Qué es la enfermedad del hígado graso asociada a disfunción metabólica?
La enfermedad del hígado graso asociada a disfunción metabólica, conocida como MASLD por sus siglas en inglés, implica una acumulación excesiva de grasa dentro de las células del hígado. Está fuertemente asociada con la obesidad, la resistencia a la insulina y la diabetes tipo 2. En muchas personas la condición permanece relativamente estable, pero en algunas puede progresar a inflamación, fibrosis, cirrosis y cáncer de hígado. Entender por qué una persona desarrolla enfermedad progresiva y otra no es, por tanto, un área de investigación importante.
En México, la prevalencia de hígado graso es alarmante: se estima que alrededor del 30% de la población adulta presenta esta condición, y la cifra aumenta significativamente entre quienes tienen diabetes tipo 2 u obesidad. La enfermedad hepática grasa no alcohólica se ha convertido en una de las principales causas de enfermedad hepática crónica en el país, y su relación con la diabetes es bidireccional: las personas con diabetes tipo 2 tienen una prevalencia particularmente alta de hígado graso, mientras que el exceso de grasa hepática está estrechamente conectado con la alteración de la sensibilidad a la insulina.
Validación en poblaciones con diagnóstico clínico
El equipo no se limitó al análisis de resonancia magnética del Biobanco del Reino Unido. También probaron las variantes recién identificadas contra datos genéticos de 42,163 personas con diagnóstico clínico de MASLD y más de 1.6 millones de controles. Catorce de las 31 nuevas señales genéticas alcanzaron el estricto umbral de validación del estudio, mientras que 22 mostraron asociaciones nominalmente significativas en la misma dirección.
Además, los investigadores desarrollaron un puntaje de riesgo poligénico que combina un gran número de variantes genéticas. Las personas en el décimo más alto de riesgo genético tenían 2.71 veces más probabilidades de cirrosis y 7.47 veces más probabilidades de carcinoma hepatocelular (cáncer primario de hígado) en comparación con aquellas en el décimo más bajo. Estas son asociaciones entre grupos genéticos, no predicciones de que una persona individual vaya a desarrollar alguna de estas enfermedades. La mayoría de las personas en una categoría de alto riesgo genético no necesariamente desarrollarán cáncer de hígado.
Vínculo con la diabetes tipo 2
Cuando el puntaje de riesgo genético se comparó con un amplio rango de condiciones de salud, la enfermedad hepática mostró la relación más fuerte. La diabetes tipo 2 también se asoció fuertemente, lo que refuerza la superposición biológica sustancial entre la grasa hepática y la enfermedad metabólica. Esta relación es bidireccional: las personas con diabetes tipo 2 tienen una prevalencia particularmente alta de hígado graso, y el exceso de grasa hepática está íntimamente relacionado con la alteración de la sensibilidad a la insulina.
Para los pacientes con diabetes en México, este hallazgo subraya la importancia de monitorear la salud hepática como parte del cuidado integral. La evidencia científica respalda que el manejo del peso, la actividad física, el control de la glucosa, la presión arterial y el colesterol son relevantes tanto para la salud hepática como cardiovascular. Medicamentos como la metformina, ampliamente utilizados en el tratamiento de la diabetes tipo 2, también pueden tener efectos beneficiosos sobre el hígado, aunque se requieren más estudios para comprender completamente su papel en la prevención de la progresión del hígado graso.
Limitaciones y aplicaciones clínicas
Los puntajes de riesgo poligénico pueden identificar diferencias de riesgo en grandes poblaciones de investigación, pero su valor para decidir qué debe hacerse con un paciente individual es mucho menos incierto. Existe otra limitación importante: el análisis primario de resonancia magnética involucró a participantes de ascendencia europea. Las variantes genéticas y sus frecuencias pueden diferir entre grupos de ascendencia, por lo que aplicar el mismo puntaje indiscriminadamente a otras poblaciones podría producir estimaciones engañosas. Los investigadores señalan explícitamente que se necesitan estudios más grandes en poblaciones más diversas.
El estudio fue posible gracias al Biobanco del Reino Unido, lo que lo convierte en un ejemplo particularmente significativo del uso de datos poblacionales del Reino Unido para investigar enfermedades metabólicas. Sin embargo, no hay una nueva prueba genética del NHS para el hígado graso como resultado de esta investigación. Para las personas con diabetes, los indicadores establecidos siguen siendo mucho más útiles clínicamente. Estos incluyen pruebas de función hepática, factores de riesgo metabólico y estudios de imagen cuando sea apropiado.
La importancia de este estudio radica principalmente en lo que aporta a los científicos: 31 pistas genéticas adicionales que apuntan hacia vías biológicas que podrían, en última instancia, ayudar a identificar nuevos tratamientos o explicar por qué la enfermedad hepática progresa en algunas personas. Para los pacientes y profesionales de la salud en México, estos hallazgos refuerzan la necesidad de un enfoque integral en el manejo de la diabetes, prestando atención no solo al control glucémico sino también a la salud hepática y cardiovascular.

