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sábado, 31 de octubre de 2026
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Vino dorado de Castilla: tradición que vuelve a Rueda

Descubre el vino dorado de Castilla, una joya de la DO Rueda que recupera la crianza oxidativa de los Reyes Católicos. Historia y productores.

Por diabetips.info5 min de lectura0 comentarios
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El vino dorado de Castilla es una de esas joyas enológicas que el tiempo casi había sepultado, pero que hoy renace con fuerza en la Denominación de Origen Rueda. Se trata de vinos de crianza oxidativa, elaborados principalmente con uva verdejo y, en algunos casos, con palomino fino, que recuperan el estilo que se consumía en las cortes de los Reyes Católicos. A diferencia de los vinos jóvenes y afrutados que hoy identifican a la zona, estos dorados se caracterizan por su larga crianza, su color ámbar y su complejidad aromática.

Un legado histórico en las tierras de Medina

Ya en el siglo XVI, los vinos de las Tierras de Medina, como se conocía a esta región, eran apreciados en las cortes reales. Eran vinos rancios, oxidados, pero con un carácter frutal remanente que los hacía únicos. Carmen Sanmartín, propietaria de Bodegas de Alberto en Serrada (Valladolid) y presidenta de la DO Rueda, explica: “Eran vinos rancios, oxidados, pero son el tipo de vinos que siempre se habían hecho en la zona”. Su abuelo, fundador de la bodega, legó parte de ese legado que hoy se esfuerzan por mantener vivo.

El triángulo de oro del vino de Rueda lo conforman las localidades de La Seca, Serrada y Rueda. En esta zona, la uva verdejo se ha consagrado a los vinos frescos y afrutados, pero el dorado representa una vuelta a los orígenes, una conexión con la historia que pocos productores están dispuestos a rescatar.

El proceso de elaboración: damajuanas y criaderas

La elaboración del vino dorado de Castilla sigue métodos tradicionales que combinan la exposición a los elementos y la crianza en madera. En Bodegas de Alberto, por ejemplo, el vino se somete a una oxidación natural en damajuanas de 16 litros que descansan a la intemperie castellana. Estas enormes garrafas de vidrio, que antaño superaban las 50,000 unidades y hoy se reducen a unas 8,000, permiten que el vino se oxide durante un año como máximo, soportando frío, calor y lluvia, incluyendo fenómenos extremos como la borrasca Filomena.

Posteriormente, el vino se envejece en barricas siguiendo el sistema de criaderas y soleras, similar al utilizado en Jerez. Cada año se refrescan los toneles con vino más joven, de modo que la solera contiene una mezcla de añadas que pueden superar los 30 años. El resultado es un vino de color dorado intenso, con notas de frutos secos, miel y un leve toque salino, que se embotella en envases de 50 centilitros.

El Pálido: una invención contemporánea

Junto al dorado, Bodegas de Alberto ha desarrollado el Pálido, un vino que sí tiene crianza biológica bajo velo de flor, al estilo del fino y la manzanilla de Sanlúcar de Barrameda. Aunque no presenta la pungencia salina inicial de estos, conserva la dulzura y frutalidad de la verdejo. Este vino representa la innovación dentro de la tradición, ofreciendo una alternativa más fresca pero igualmente compleja.

Otros productores que recuperan el dorado

No solo Bodegas de Alberto está inmersa en esta recuperación. Otras bodegas de la DO Rueda se han sumado a la vindicación del vino dorado de Castilla. Entre ellas destacan:

  • Bodegas Menade: con su Adorado, elaborado con un 50% de verdejo y un 50% de palomino fino de viñedos centenarios. Utilizan barricas antiguas de la familia Sanz, algunas con vinos que datan de 1977.
  • Bodegas Félix Cachazo: con su Carrasviñas, que sigue métodos similares de crianza oxidativa.
  • Cooperativa Cuatro Rayas: con su 61 Dorado, que emplea partes iguales de verdejo y palomino fino, y su versión más asequible con predominancia de verdejo. Utilizan el sistema de criaderas y soleras, dejando un margen de aire en la barrica para el desarrollo del velo de flor.

Cada productor imprime su sello personal, pero todos comparten el objetivo de rescatar un estilo de vino que forma parte de la identidad de la región.

El futuro del vino dorado y la DO Rueda

La Denominación de Origen Rueda está inmersa en un proceso de renovación para poner en valor sus vinos de crianza. Una de las iniciativas es el concepto Gran Vino de Rueda, una etiqueta que amparará vinos con crianza y viñedos de más de 30 años de antigüedad. Con ello se busca dignificar y valorar estos vinos que durante años han sido apreciados por su facilidad de beber y su excelente relación calidad-precio, pero que ahora aspiran a un reconocimiento superior.

El vino dorado de Castilla es, sin duda, una bendita rareza que hoy recuperan unos pocos productores. Su elaboración artesanal, su historia ligada a los Reyes Católicos y su complejidad organoléptica lo convierten en un tesoro que merece ser descubierto y disfrutado. Para los amantes del vino, representa una oportunidad de viajar al pasado y saborear la tradición de una región que sigue reinventándose.

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