PMOS y Diabetes: el estigma del peso retrasa la atención

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El síndrome de ovario poliquístico (SOP) ha sido renombrado recientemente como síndrome metabólico ovárico poliendocrino (PMOS, por sus siglas en inglés). Este cambio no es menor: reclasifica la condición como un trastorno metabólico, lo que amplía las rutas de investigación y la aleja del ámbito exclusivo de la ginecología. Para las millones de personas que viven con PMOS, esta nueva denominación representa un avance crucial. Sin embargo, un estudio reciente realizado por Women’s Health en colaboración con Equip, una plataforma líder en tratamiento de trastornos alimentarios, revela que el estigma en torno al peso sigue siendo una barrera enorme para recibir una atención adecuada.

El peso como primer tema de conversación

Cuando alguien sospecha que tiene PMOS, el peso suele ser uno de los primeros aspectos que se abordan en la consulta médica. Y una vez diagnosticada, vuelve a surgir. De acuerdo con la encuesta clínica aplicada a más de 1,000 personas con PMOS o con sospecha de padecerlo, aproximadamente el 90% de las encuestadas con diagnóstico confirmado recibió la recomendación de perder peso en algún momento de su tratamiento. Más de un tercio señaló que la pérdida de peso fue el enfoque principal recomendado. Para quienes aún no tienen un diagnóstico formal, esa cifra asciende al 48%.

“En lugar de tratar el aumento de peso como un síntoma, los médicos lo tratan como el problema, y la solución es que la paciente cambie”, explica Erin Parks, psicóloga, investigadora y directora clínica de Equip. El resultado son retrasos en la atención, problemas de salud mental y una relación deteriorada con los médicos.

El impacto en la salud metabólica y el riesgo de diabetes

El PMOS está intrínsecamente relacionado con alteraciones metabólicas. La resistencia a la insulina es un mecanismo central en su fisiopatología, lo que aumenta significativamente el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. De hecho, se estima que hasta un 70% de las mujeres con PMOS presentan resistencia a la insulina, y muchas desarrollarán prediabetes o diabetes tipo 2 si no reciben un manejo adecuado.

Cuando el peso se convierte en el único foco de atención, se descuidan otros aspectos críticos del tratamiento. Helena Teede, directora del Centro Monash para la Implementación de la Salud y la Investigación, señala que los cambios en el estilo de vida solo explican alrededor del 5% de las variaciones en el peso corporal. El resto está determinado por factores ambientales, genéticos y socioeconómicos que escapan al control individual. “¿Qué tratamiento en su sano juicio recomendaría algo con una tasa de éxito de 1 en 1,500?”, cuestiona Teede.

Consecuencias en la salud mental

El estudio de Equip y Women’s Health arrojó datos alarmantes sobre la salud mental de las personas con PMOS. El 37% de las encuestadas cumplía con los criterios de detección para depresión, y el 48% para ansiedad. En comparación, en Estados Unidos, solo el 8.3% de los adultos tiene depresión y el 19.1% ansiedad.

Además, el 55.6% de las encuestadas cumplía con los criterios de detección para un trastorno alimentario, y el 12.9% tenía un diagnóstico formal. Esto no sorprende a Parks: “En cierto modo, estamos prescribiendo síntomas de trastornos alimentarios”. Las dietas altamente restrictivas y bajas en calorías que se recomiendan con frecuencia pueden desencadenar atracones y una relación disfuncional con la comida.

El estigma del peso en la consulta médica

El sesgo por peso en la medicina no solo retrasa el diagnóstico, sino que también daña la relación médico-paciente. El 43% de las encuestadas con PMOS reportó que los proveedores atribuyeron sus síntomas al peso, lo que retrasó directamente su diagnóstico. El 49% dijo sentirse juzgada por sus médicos, y el 40% evitó o pospuso atención médica necesaria debido a experiencias negativas previas.

Olivia Franks, de 23 años, fue diagnosticada con PMOS hace tres años. Su endocrinólogo le recomendó: “Empieza a comer mil calorías al día, haz una hora de ejercicio aeróbico diario y no necesitamos medicamentos hasta que quieras embarazarte”. Franks siguió las instrucciones, pero en lugar de perder peso, ganó más. Se sintió sin esperanza, confundida y avergonzada. “Sentía que me decían que no me esforzaba lo suficiente y que no tenía autocontrol”, recuerda.

Hacia un enfoque más integral y menos estigmatizante

Los expertos coinciden en que es posible abordar los riesgos metabólicos y cardiovasculares asociados al PMOS sin centrarse obsesivamente en el peso. La doctora Laura Cooney, endocrinóloga reproductiva de UW Health, pide permiso antes de hablar sobre el peso con sus pacientes y enfatiza que no para todos es un tema central. “La salud mental, la autopercepción y la felicidad son componentes igualmente críticos de la salud de una persona”, afirma.

Teede recomienda enfocarse en un estilo de vida saludable, con una dieta balanceada que limite los alimentos procesados y actividad física que se disfrute, sin obsesionarse con el número en la báscula. “Cualquiera que intente venderte algo que lo haga desaparecer todo no está siguiendo la evidencia”, advierte.

Para las personas con PMOS, el riesgo de diabetes tipo 2 es real y debe ser monitoreado. La resistencia a la insulina puede manejarse con medicamentos como la metformina, que ha demostrado ser eficaz en la mejora de la sensibilidad a la insulina y en la reducción del riesgo de progresión a diabetes. Otros fármacos como los agonistas del receptor GLP-1 (por ejemplo, Ozempic) también se han utilizado en el manejo de la resistencia a la insulina en PMOS, aunque su uso debe ser evaluado por un especialista.

La nueva denominación de PMOS es una oportunidad para replantear el abordaje. Es momento de que los profesionales de la salud consideren el impacto emocional y psicológico del diagnóstico, y que las conversaciones sobre el peso se manejen con empatía y evidencia. Para millones de personas, esto podría marcar la diferencia entre recibir atención oportuna o seguir postergando su salud metabólica.

Recomendaciones para pacientes con PMOS

  • Busca un equipo multidisciplinario: endocrinólogo, nutriólogo y psicólogo pueden trabajar juntos para un enfoque integral.
  • Monitorea tu glucosa y resistencia a la insulina: la diabetes tipo 2 es una complicación frecuente; la detección temprana es clave.
  • No te culpes: el peso está influenciado por múltiples factores, muchos fuera de tu control.
  • Alimentación balanceada, no restrictiva: evita dietas extremas que pueden desencadenar trastornos alimentarios.
  • Actividad física placentera: elige movimientos que disfrutes, sin obsesionarte con las calorías quemadas.
  • Habla con tu médico sobre opciones farmacológicas: metformina, inositol y otros tratamientos pueden ayudar a manejar la resistencia a la insulina.

El camino hacia un mejor manejo del PMOS y la prevención de la diabetes tipo 2 requiere un cambio de paradigma. La evidencia es clara: el estigma del peso no solo daña la salud mental, sino que también obstaculiza el acceso a una atención metabólica oportuna y efectiva.

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