El pescado es un alimento fundamental en la dieta de las personas con diabetes, ya que aporta proteínas de alta calidad, ácidos grasos omega-3 y una baja cantidad de carbohidratos. Sin embargo, la forma en que lo adquirimos y preparamos influye directamente en nuestro control glucémico. José María Sánchez, pescadero de profesión, reflexiona en sus redes sociales sobre por qué más de la mitad del pescado se vende en supermercados y no en pescaderías tradicionales. Su análisis ofrece pistas valiosas para quienes buscan mantener una alimentación saludable sin complicaciones.
La comodidad del supermercado frente a la pescadería de barrio
“Más de la mitad del pescado se vende en el súper, y no es porque sea mejor, es por otra cosa”, señala Sánchez. La vida moderna, con horarios laborales extensos, dificulta acudir a una pescadería especializada que suele cerrar antes de que muchas personas terminen su jornada. El supermercado, en cambio, ofrece la posibilidad de adquirir filetes limpios y envasados junto con el resto de la compra, en una sola parada y a cualquier hora.
Para las personas con diabetes, esta conveniencia puede traducirse en una mayor frecuencia de consumo de pescado, lo cual es positivo. No obstante, es importante revisar las etiquetas de los productos envasados, ya que algunos pueden contener aditivos o salsas con azúcares añadidos. La recomendación es optar por pescado fresco o congelado sin procesar y sazonarlo en casa con especias, limón y aceite de oliva.
El declive de las pescaderías tradicionales
Un estudio publicado en Maritime Studies revela que la cuota de mercado de las pescaderías en España cayó del 50% al 20% entre 1999 y 2023. En México, la tendencia es similar: los supermercados ganan terreno frente a los mercados y pescaderías de barrio. Los datos de Mercasa sobre compras de hogares en 2024 indican que los supermercados concentraron el 61,9% de las compras de productos pesqueros, mientras que los establecimientos especializados solo representaron el 20,7%.
Esta pérdida de las pescaderías tradicionales tiene implicaciones para la calidad de la dieta. En una pescadería, el consumidor puede preguntar por la frescura, el origen y el corte más adecuado para su receta. En el supermercado, la información es limitada y el pescado suele estar fileteado y envasado, lo que reduce la posibilidad de elegir piezas enteras para preparaciones como caldos o guisos, tan útiles en la cocina para personas con diabetes.
La percepción de dificultad en la cocina
Otro factor que aleja a los consumidores del pescado fresco es la percepción de que es difícil de preparar. Una investigación publicada en Appetite en 2007, con participantes de cinco países europeos, incluida España, encontró que esa dificultad percibida se asociaba con una peor actitud hacia el pescado y con un menor consumo. En México, muchas personas comparten esa idea: piensan que limpiar, desescamar o filetear un pescado es una tarea complicada.
Sin embargo, el pescadero puede facilitar enormemente la preparación. “Hay cosas que en una bandeja no vienen”, explica Sánchez, refiriéndose a la posibilidad de pedir ayuda para limpiar, cortar o preparar el pescado según la receta. Comentar que lo quieres para el horno permite que quien te atiende sepa qué corte necesitas; preguntar por una especie que no conoces puede resolver tus dudas antes de llevártela. Aprovechar el conocimiento del profesional, ya sea en el mercado, en una tienda de barrio o incluso en el mostrador del supermercado, marca la diferencia.
El precio, un factor decisivo
Además de los horarios, el bolsillo también pesa. En el Eurobarómetro realizado en 2024, el 55% de los encuestados europeos señaló el precio entre los factores más importantes al comprar pescado y marisco, por delante del aspecto del producto (52%). En México, la situación no es diferente: el precio del pescado fresco puede ser variable y, en ocasiones, más elevado que el de los productos envasados o congelados.
No obstante, el pescado congelado puede ser una alternativa económica y igualmente nutritiva. Lo importante es comparar precios y calidades, y recordar que la comodidad no siempre es sinónimo de mejor precio. Para las personas con diabetes, invertir en pescado de calidad es una inversión en salud, ya que ayuda a reducir el riesgo de complicaciones cardiovasculares.
Beneficios del pescado para la diabetes
El pescado, especialmente el azul (salmón, atún, sardina, macarela), es rico en ácidos grasos omega-3, que tienen efectos antiinflamatorios y ayudan a mejorar la sensibilidad a la insulina. Además, su alto contenido proteico favorece la saciedad y evita picos de glucosa. La American Diabetes Association recomienda incluir pescado al menos dos veces por semana en la alimentación de personas con diabetes.
En México, especies como el huachinango, la sierra, el mero y la sardina son excelentes opciones. Preparaciones al horno, a la plancha o en ceviche con limón y chile son saludables y deliciosas. Evita los pescados empanizados o fritos, ya que añaden calorías y carbohidratos innecesarios.
Consejos para elegir y preparar pescado
- Compra en pescaderías de confianza: pregunta por la frescura y el origen del producto.
- Solicita limpieza y corte: pide que lo preparen según tu receta para ahorrar tiempo.
- Revisa etiquetas: si compras envasado, verifica que no tenga azúcares añadidos ni salsas industrializadas.
- Considera el congelado: es una opción práctica y nutritiva; descongela en refrigeración.
- Cocina con métodos saludables: horneado, vapor, plancha o crudo (si es fresco y seguro).
- Acompaña con vegetales: una ensalada o verduras al vapor completan el plato y aportan fibra.
En resumen, aunque el supermercado ofrece comodidad, la pescadería tradicional brinda asesoría y frescura que pueden mejorar la experiencia de cocinar pescado. Para las personas con diabetes, elegir bien el punto de compra y aprovechar el conocimiento del pescadero puede facilitar la inclusión de este alimento en la dieta diaria, con beneficios directos sobre el control glucémico y la salud cardiovascular.

