Bacterias intestinales y fiebre tras vacunación: Nuevo estudio

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Un nuevo estudio publicado en la revista Science ha encontrado que las bacterias que habitan en el intestino podrían explicar por qué algunas personas desarrollan fiebre después de recibir la vacuna contra la COVID-19, mientras que otras apenas sienten molestias. La investigación, que involucró a 171 adultos sanos vacunados con las fórmulas de ARNm entre 2021 y 2022, sugiere que diferencias en el microbioma intestinal antes de la vacunación se asocian con respuestas febriles más intensas. Este hallazgo, dado a conocer hoy, es relevante para la comunidad médica y para los pacientes con diabetes, ya que arroja luz sobre la variabilidad individual en las reacciones a las vacunas, aunque los propios autores advierten que no debe interpretarse como una razón para evitar la inmunización.

El hallazgo principal: microbioma y fiebre

Los investigadores analizaron muestras de heces y sangre de los participantes, y registraron su temperatura antes y después de la vacunación. Descubrieron que aquellas personas que experimentaron fiebre más alta tenían una mayor actividad en genes bacterianos implicados en la producción de flagelos, estructuras con forma de látigo que algunas bacterias usan para moverse. Los flagelos contienen una proteína llamada flagelina, que el sistema inmunitario puede reconocer como una señal de peligro y desencadenar inflamación.

Lo más llamativo es que estas diferencias en el microbioma ya estaban presentes antes de aplicar la vacuna, junto con evidencia de un estado inflamatorio basal más elevado. Esto sugiere que el terreno inmunológico previo condiciona la respuesta.

Experimentos en ratones y organoides

Para confirmar que las bacterias intestinales podían ser la causa y no solo una coincidencia, los científicos trasplantaron microbiomas de los participantes humanos a ratones criados sin microbios intestinales propios. Los ratones que recibieron microbios de personas con respuestas febriles más fuertes desarrollaron más inflamación después de la vacunación que aquellos que recibieron microbiomas de personas con respuestas leves. Este efecto dependía en parte de la capacidad de los animales para detectar la flagelina bacteriana.

Además, realizaron pruebas en organoides intestinales humanos, que son miniaturas de intestino cultivadas en laboratorio. En conjunto, estos experimentos proporcionan evidencia mecanística más sólida de que las bacterias intestinales pueden influir en el estado inflamatorio del sistema inmunitario. Sin embargo, los autores subrayan que no se ha demostrado que exactamente el mismo mecanismo cause fiebre en todas las personas vacunadas.

Dieta y reacciones vacunales: interpretación cautelosa

El estudio también observó que las personas que reportaron consumir más alimentos de origen vegetal tendían a tener respuestas febriles más débiles. En experimentos de laboratorio, ciertos aditivos alimentarios aumentaron la producción de flagelina bacteriana, mientras que una dieta occidental alta en grasas incrementó las respuestas inflamatorias a la vacuna en ratones.

No obstante, los investigadores aclaran que no demostraron que cambiar la dieta modifique las reacciones vacunales en humanos. Los hallazgos dietéticos en personas son observacionales: quienes comen de manera diferente también difieren en muchos otros aspectos, y el estudio no asignó aleatoriamente a los participantes a distintas dietas. El experimento de dieta alta en grasas se hizo en ratones, y los hallazgos sobre aditivos provienen de laboratorio. Por lo tanto, sería inexacto afirmar que una dieta basada en plantas previene la fiebre después de una vacuna.

Tampoco hay evidencia en este estudio de que los probióticos, suplementos o pruebas comerciales de microbioma puedan reducir los efectos secundarios de las vacunas.

Implicaciones para personas con diabetes

Es fundamental destacar que la investigación se centró en adultos jóvenes sanos que recibieron vacunas de ARNm contra la COVID-19. No investigó específicamente a personas con diabetes, por lo que no debe usarse para predecir si alguien con diabetes tipo 1 o tipo 2 desarrollará efectos secundarios vacunales. Tampoco examinó la vacuna contra la influenza estacional.

Esta distinción importa porque en México y otros países, las personas con diabetes están entre los grupos de riesgo que tienen prioridad para la vacunación anual contra la influenza. Los resultados no proporcionan ninguna razón para evitar la vacunación. Desarrollar fiebre tampoco significa necesariamente que la vacuna esté funcionando mejor o peor. La fiebre refleja actividad inflamatoria, pero este estudio examinó principalmente por qué las reacciones inflamatorias difieren entre personas, no la relación entre fiebre y eficacia protectora.

Las personas con diabetes pueden notar cambios temporales en la glucosa cuando tienen fiebre o se sienten mal después de una vacuna, al igual que durante otras enfermedades. Por ello, es sensato monitorear la glucosa con más frecuencia y seguir las pautas habituales para días de enfermedad. La Sociedad Mexicana de Nutrición y Endocrinología recomienda que los pacientes con diabetes mantengan un control estrecho de la glucemia durante cualquier proceso infeccioso o inflamatorio.

¿Qué sigue? Investigación futura

Los investigadores sugieren que el microbioma intestinal podría convertirse eventualmente en un objetivo para reducir reacciones inflamatorias no deseadas. Pero eso sigue siendo una pregunta de investigación. Primero se necesitarían ensayos clínicos que alteren deliberadamente el microbioma en personas y demuestren que eso cambia las reacciones vacunales sin comprometer la protección contra la infección. Hasta que esos ensayos se realicen, el mensaje práctico es limitado: el estudio ofrece una explicación intrigante de por qué las reacciones inmunitarias varían entre individuos, pero no proporciona una dieta, probiótico o tratamiento de microbioma que las personas deban usar antes de vacunarse.

Para la comunidad con diabetes, la recomendación sigue siendo clara: continuar con las vacunas indicadas por su médico, mantener un buen control glucémico y consultar ante cualquier duda. La ciencia avanza en entender las diferencias individuales, pero la protección que brindan las vacunas sigue siendo fundamental.

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