Un nuevo estudio estadounidense ha encendido las alarmas sobre el uso de medicamentos GLP-1 en niños y adolescentes. Según la investigación, aproximadamente uno de cada seis jóvenes que inician estos tratamientos para la diabetes tipo 2 o la obesidad severa es diagnosticado con al menos una deficiencia nutricional o complicación relacionada en el plazo de un año. El hallazgo, publicado hoy, subraya la necesidad de un acompañamiento nutricional estructurado cuando se prescriben estos fármacos a población pediátrica.
Los medicamentos GLP-1, como liraglutida y semaglutida, se han vuelto cada vez más comunes para el manejo de la diabetes tipo 2 y la obesidad en adultos. Su uso se está expandiendo a grupos de edad más jóvenes, lo que plantea interrogantes sobre si los niños reciben el apoyo nutricional adecuado junto con el medicamento. Este estudio sugiere que aún queda mucho por mejorar.
Detalles del estudio: análisis de registros de seguros
Los investigadores analizaron registros de seguros de 2,031 jóvenes de entre 10 y 17 años que comenzaron a usar un agonista del receptor GLP-1 entre 2017 y 2022. Ninguno tenía una deficiencia nutricional registrada antes de iniciar el tratamiento. Sin embargo, los resultados fueron contundentes:
- En los primeros seis meses, el 10.2% ya había sido diagnosticado con al menos una deficiencia nutricional o complicación relacionada.
- Al año, la cifra ascendió al 16.8%, es decir, aproximadamente uno de cada seis.
- La deficiencia más común fue la de vitamina D, diagnosticada en el 12.4% de los casos.
- La anemia nutricional afectó a alrededor del 1.6%, la anemia por deficiencia de hierro al 1.4% y la pérdida de masa muscular registrada al 0.8%.
Estos datos son particularmente relevantes porque los niños y adolescentes están en pleno crecimiento. Un tratamiento que reduce el apetito puede ser útil para el control de peso, pero la reducción de calorías no debe comprometer la ingesta de proteínas, vitaminas, minerales ni el desarrollo normal.
Acceso limitado al apoyo nutricional
El estudio también reveló un acceso sorprendentemente limitado a servicios de nutrición. Solo el 5.8% de los jóvenes tuvo una consulta nutricional dentro de los 30 días posteriores al inicio del tratamiento. A los seis meses, la cifra apenas llegaba al 23.3%, y la primera consulta promedio ocurría alrededor de cinco meses después de comenzar el medicamento.
Esto no significa necesariamente que la atención nutricional prevenga las deficiencias. De hecho, las deficiencias se diagnosticaron con mayor frecuencia en jóvenes que vieron a un profesional de nutrición, lo que podría indicar que fueron referidos porque ya se había identificado un problema o porque se les realizaron pruebas más exhaustivas.
Limitaciones del estudio
Los autores señalan varias limitaciones importantes. La mayoría de los participantes estaban tomando liraglutida, mientras que solo alrededor del 9% usaba semaglutida. Además, los datos provienen de 2017 a 2022, antes de que los tratamientos GLP-1 más nuevos se generalizaran como lo están hoy. Y debido a que se trata de un estudio basado en reclamaciones de seguros, registra diagnósticos en lugar de ingestas detalladas de alimentos o resultados de análisis de sangre. Por lo tanto, no puede probar que los medicamentos GLP-1 causaran directamente estos problemas nutricionales.
Sin embargo, plantea un punto clínico sensato. Cuando un medicamento cambia significativamente el apetito y la pérdida de peso, la calidad nutricional se vuelve más importante, no menos. Los jóvenes que usan estos medicamentos necesitan un tratamiento que incluya calidad de los alimentos, proteínas adecuadas, micronutrientes y un crecimiento saludable, en lugar de enfocarse solo en el número de la báscula.
Implicaciones para el tratamiento de la diabetes en México
En México, donde la diabetes tipo 2 y la obesidad infantil van en aumento, este estudio es un llamado de atención para los profesionales de la salud. La prescripción de agonistas GLP-1 en jóvenes debe ir acompañada de un plan nutricional personalizado y un seguimiento cercano. Medicamentos como Ozempic (semaglutida) o Victoza (liraglutida) son cada vez más accesibles, pero su uso sin supervisión nutricional podría exponer a los pacientes a deficiencias que afecten su desarrollo.
Es fundamental que los médicos y nutriólogos trabajen en conjunto. La educación del paciente y su familia sobre la importancia de una alimentación equilibrada, rica en proteínas, vitaminas y minerales, es clave. Además, se deben monitorear periódicamente los niveles de vitamina D, hierro y otros nutrientes para detectar cualquier deficiencia a tiempo.
Recomendaciones para pacientes y familias
- No inicies ningún medicamento GLP-1 sin una evaluación nutricional previa.
- Asegúrate de que el plan de tratamiento incluya consultas regulares con un nutriólogo.
- Prioriza alimentos ricos en proteínas, vitaminas y minerales, incluso si el apetito disminuye.
- Solicita análisis de sangre periódicos para monitorear posibles deficiencias.
- Infórmate sobre los efectos secundarios y signos de alerta de estos medicamentos.
Este estudio, aunque observacional, refuerza la idea de que el tratamiento de la diabetes y la obesidad debe ser integral. La medicación es una herramienta, pero el éxito a largo plazo depende de un enfoque que combine alimentación saludable, actividad física y apoyo profesional continuo. Para los jóvenes, especialmente, prescribir un GLP-1 debería ser el inicio de un apoyo estructurado, no el final de la conversación sobre nutrición.
Los hallazgos completos están disponibles en el siguiente enlace: https://doi.org/10.1177/21532176261486979
