Los recortes más grandes en la historia del Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP, por sus siglas en inglés) han entrado en vigor en Estados Unidos, dejando a millones de personas sin acceso a alimentos. Esta situación tiene profundas implicaciones para la salud pública, especialmente para las familias con niños que viven con diabetes tipo 1 o tipo 2, y para la prevención de esta enfermedad.
¿Qué está pasando con SNAP?
Como resultado de la ley de reconciliación presupuestaria conocida como H.R. 1, aprobada el año pasado, el presupuesto de SNAP se reducirá en aproximadamente 187 mil millones de dólares durante los próximos ocho años. Entre julio de 2025 y abril de 2026, alrededor de 5 millones de personas han perdido el acceso a la asistencia alimentaria. Los niños son uno de los principales grupos beneficiados por SNAP: representan aproximadamente el 20% de la población de Estados Unidos, pero constituyen casi el 40% de quienes reciben ayuda alimentaria. En Arizona, el estado con los recortes más profundos, casi la mitad de los niños inscritos en el programa —180,000 niños— han perdido sus beneficios.
Consecuencias para la salud y la diabetes
La inseguridad alimentaria tiene efectos directos sobre la salud. En niños y jóvenes, se asocia con mayores problemas de salud física y emocional, retrasos en el desarrollo y problemas de comportamiento. Para quienes viven con diabetes, la falta de acceso a alimentos adecuados dificulta el control de la glucosa y aumenta el riesgo de complicaciones.
Un estudio reciente encontró que mantener el azúcar en sangre demasiado estable podría tener un costo, lo que subraya la importancia de un enfoque equilibrado en el manejo de la diabetes. Además, la investigación sugiere que un patrón temprano del microbioma intestinal está vinculado a un riesgo tres veces mayor de diabetes tipo 1. La nutrición adecuada desde la infancia es clave para modular este riesgo.
El vínculo con los servicios de protección infantil
La pérdida de asistencia alimentaria no solo genera hambre, sino que puede llevar a las familias a enfrentar investigaciones de los servicios de protección infantil (CPS, por sus siglas en inglés). En Estados Unidos, la pobreza y la negligencia a menudo se confunden en los sistemas de bienestar infantil. Cuando los padres no pueden costear suficiente comida, vivienda estable, cuidado infantil u otras necesidades, las condiciones creadas por la pobreza pueden llamar la atención de CPS.
Un estudio estatal en Illinois durante siete años encontró que altas tasas de inseguridad alimentaria se asociaron con mayores tasas de investigaciones por maltrato infantil. A nivel nacional, el 63% de los niños con reclamos creíbles de maltrato fueron por negligencia sola, sin indicios de abuso. Más de la mitad de los cuidadores que tienen contacto con CPS viven bajo la línea de pobreza federal, y el 60% de ellos reportaron recibir asistencia alimentaria a través de cupones de alimentos o EBT.
El impacto en la diabetes y la prevención
Para las familias que enfrentan pobreza, el acceso a SNAP puede ser crucial para prevenir el trauma de investigaciones innecesarias, vigilancia y separación. Los datos nacionales a largo plazo han demostrado que los estados que previamente expandieron el acceso a los beneficios de SNAP redujeron el número de investigaciones de CPS y los informes fundamentados de abuso y negligencia, así como menos colocaciones en cuidado de crianza.
La seguridad alimentaria es importante para la salud, el rendimiento académico y el comportamiento de los niños. Los niños y jóvenes que experimentan inseguridad alimentaria tienen más probabilidades de tener problemas de salud física y emocional. Los niños pequeños son más propensos a ser diagnosticados con retrasos en el desarrollo y problemas de comportamiento, y la investigación ha demostrado que recibir beneficios de SNAP mitiga estas tasas elevadas.
¿Qué podemos hacer desde México?
Aunque los recortes a SNAP ocurren en Estados Unidos, la situación nos invita a reflexionar sobre la importancia de los programas de apoyo alimentario en México y su impacto en la diabetes. En nuestro país, existen iniciativas como el programa de Abasto Rural a cargo de Diconsa, que busca llevar alimentos a comunidades marginadas. Sin embargo, aún hay mucho por hacer para garantizar que las personas con diabetes tengan acceso a una alimentación adecuada.
La prevención y el control de la diabetes tipo 1 y tipo 2 requieren no solo de medicamentos como la metformina, la insulina o los nuevos agonistas del GLP-1 (como Ozempic, Mounjaro o Zepbound), sino también de un entorno que favorezca elecciones saludables. La evidencia sugiere que Mounjaro y Zepbound podrían activar la grasa parda del cuerpo, lo que abre nuevas vías para el tratamiento de la obesidad y la diabetes tipo 2. Pero estos avances deben ir acompañados de políticas que aseguren el acceso a alimentos nutritivos.
Recomendaciones para personas con diabetes y sus familias
- Prioriza alimentos nutritivos: Incluye frutas, verduras, granos integrales y proteínas magras en tu dieta diaria.
- Busca apoyo: Si enfrentas dificultades para acceder a alimentos, acude a programas locales de asistencia alimentaria o a tu centro de salud.
- Monitorea tu glucosa: Mantén un control regular de tus niveles de azúcar en sangre, especialmente en tiempos de estrés.
- Consulta a tu médico: Si tienes diabetes, habla con tu equipo de salud sobre cómo la inseguridad alimentaria puede afectar tu tratamiento.
- Participa en la comunidad: Únete a grupos de apoyo para personas con diabetes y comparte estrategias para una alimentación saludable con recursos limitados.
Conclusión
Los recortes a SNAP en Estados Unidos son una llamada de atención sobre cómo las políticas públicas pueden afectar la salud de los más vulnerables. En México, debemos abogar por políticas que garanticen el acceso a alimentos saludables para todos, especialmente para quienes viven con diabetes. La diabetes no se maneja solo con medicamentos; requiere de un enfoque integral que incluya nutrición adecuada, educación y apoyo social. Como sociedad, tenemos la responsabilidad de crear entornos que promuevan la salud y prevengan enfermedades crónicas como la diabetes.
