El lactato ya no es el villano: la nueva narrativa de la energía deportiva

El lactato ya no es el villano: la nueva narrativa de la energía deportiva

Hay corredores que parecen tener una relación distinta con el cansancio. No necesariamente son los más rápidos, pero sí aquellos capaces de mantener el ritmo, recuperarse y volver a intentarlo una y otra vez. Durante años, la fórmula de la resistencia parecía bastante sencilla: entrenamiento, alimentación, descanso y genética. Hoy, la ciencia está descubriendo que detrás de nuestra capacidad para correr más lejos existe una red mucho más sofisticada de adaptaciones.

El cuerpo aprende a gastar mejor su energía. Correr de manera constante no sólo fortalece músculos y pulmones. Con el entrenamiento, el organismo desarrolla adaptaciones que le permiten utilizar el oxígeno y sus reservas de energía de manera más eficiente. Por eso la resistencia no consiste únicamente en “aguantar”. Un corredor entrenado aprende, fisiológicamente, a administrar mejor sus recursos y mantener el esfuerzo durante más tiempo.

El lactato no es el villano. Durante décadas se señaló al lactato como uno de los grandes responsables de la fatiga muscular. Hoy sabemos que esa explicación era demasiado simple. El lactato se produce naturalmente durante el ejercicio y también puede ser aprovechado por el organismo como fuente de energía. Es decir, esa molécula que durante años relacionamos únicamente con el cansancio también forma parte de los mecanismos energéticos que permiten mantenernos en movimiento.

Y aquí es donde la historia se vuelve todavía más interesante. Algunas bacterias también podrían tener algo que decir. Al estudiar a corredores de maratón, investigadores encontraron una mayor presencia después del ejercicio de bacterias del género Veillonella, capaces de metabolizar el lactato y transformarlo en otros compuestos, entre ellos el propionato. El hallazgo abrió una nueva línea de investigación sobre la relación entre microorganismos y desempeño físico, y eventualmente dio paso al estudio de cepas específicas como Veillonella atypica FB0054, presente en BioNella.

Aunque todavía queda mucho por descubrir, esta conversación científica está cambiando la manera en que entendemos la resistencia: correr no depende únicamente de piernas, pulmones o fuerza de voluntad, sino de una serie de procesos que ocurren dentro del organismo y que apenas comenzamos a comprender.

La resistencia también se construye cuando dejamos de correr. Hay algo que los corredores más consistentes suelen entender muy bien: recuperarse también es parte del entrenamiento. Cada vez más investigaciones exploran cómo la microbiota influye en el rendimiento, la recuperación y la capacidad de resistencia de los runners, lo que abre un panorama prometedor para quienes buscan optimizar su desempeño desde una perspectiva integral.

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