La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado hoy sus primeras directrices para abordar desde los sistemas de salud la obesidad infantil, un problema creciente que afecta a millones de niños y adolescentes en todo el mundo. Estas guías de manejo clínico detallan cómo los profesionales sanitarios pueden jugar un papel clave en la prevención y tratamiento temprano de esta enfermedad crónica, con graves consecuencias en la vida adulta. La noticia es especialmente relevante para México y Latinoamérica, donde las tasas de obesidad infantil siguen en aumento y los sistemas de salud enfrentan el desafío de implementar estrategias efectivas.
Un problema de salud pública global
Según cifras de la OMS, 170 millones de niños y adolescentes de entre 5 y 19 años padecían obesidad en 2024; de ellos, 70 millones eran niños de tan solo entre 5 y 9 años. Las cifras se han cuadruplicado desde 1990, especialmente en los países más desarrollados, aunque se extienden prácticamente a todo el mundo. En México, la obesidad infantil es una preocupación constante: datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) indican que aproximadamente 1 de cada 5 niños presenta sobrepeso u obesidad, lo que subraya la urgencia de contar con guías como las presentadas.
Recomendaciones clave de las nuevas directrices
Las directrices de la OMS establecen un enfoque escalonado para el tratamiento de la obesidad en menores, priorizando intervenciones no invasivas y adaptadas a cada edad.
Tratamiento en menores de 9 años
La organización no recomienda tratar la obesidad en menores de 9 años con medicación, ni con cirugía bariátrica ni con ningún dispositivo diseñado para perder peso. En su lugar, se enfatiza la combinación de dieta, actividad física y modificación de la conducta, ya sea de forma individual o como parte de un programa multimodal.
Tratamiento en adolescentes
En adolescentes, el tratamiento farmacológico solo se podría considerar cuando haber seguido un programa supervisado centrado en el estilo de vida no haya logrado los resultados deseados. Esto implica que medicamentos como la metformina o los análogos de GLP-1 (por ejemplo, Ozempic) no deben ser la primera línea de acción, sino parte de un abordaje integral supervisado por especialistas.
La importancia de la salud mental
Las guías también enfatizan la importancia de cuidar la salud mental, abordando aspectos como la ansiedad, la depresión, la baja autoestima o la desregulación emocional, que pueden llevar a desarrollar conductas poco saludables o peligrosas, incluso trastornos de la conducta alimentaria (TCA). En el contexto mexicano, donde el estigma y la presión social pueden afectar a los menores, este enfoque integral es fundamental.
Dieta saludable y adaptada
La OMS recomienda diseñar dietas saludables, equilibradas y variadas, con un consumo diario de frutas, verduras y legumbres, moderando las grasas y limitando el azúcar y la sal. Además, señala que debe adaptarse a cada individuo y sus circunstancias concretas, teniendo en cuenta factores como la edad, los gustos, la frecuencia de las comidas y el contexto cultural. Para los profesionales de la salud en México, esto implica considerar la riqueza gastronómica local y promover versiones saludables de platillos tradicionales.
Actividad física: una hora diaria desde los 5 años
Las guías otorgan a la actividad física una importancia capital en el manejo no solo de la obesidad, sino también para promover una vida saludable y feliz en los menores. Debe igualmente adaptarse a cada niño o adolescente y tratar de implicar a la familia o cuidadores.
- Niños de 1 a 2 años: se recomiendan actividades físicas de cualquier intensidad, incluida la actividad física de intensidad moderada a vigorosa, repartidas a lo largo del día.
- Niños de 3 a 4 años: deben incluir como mínimo 60 minutos de intensidad moderada o vigorosa.
- A partir de los 5 años: la pauta mínima debería ser de 60 minutos diarios de actividad física vigorosa, especialmente aeróbica. También deberían incluirse ejercicios para el desarrollo muscular y óseo, tres veces a la semana.
- Adolescentes: el mismo tiempo mínimo se recomienda durante la adolescencia, limitando además el sedentarismo y el tiempo de pantallas.
Implicaciones para México y Latinoamérica
Estas directrices llegan en un momento crítico para la región. En México, la prevalencia de obesidad infantil ha aumentado de manera alarmante en las últimas décadas, y las autoridades de salud han implementado programas como el etiquetado frontal de alimentos y la promoción de entornos escolares saludables. Las nuevas guías de la OMS refuerzan la necesidad de un enfoque multisectorial que involucre a profesionales de la salud, familias, escuelas y gobiernos.
Para los profesionales de la salud, las directrices ofrecen un marco claro para la prevención y el tratamiento temprano. Se recomienda la capacitación continua en manejo de obesidad pediátrica y la coordinación con nutriólogos, psicólogos y educadores físicos. Para las familias, el mensaje es claro: adoptar hábitos saludables desde la infancia, con énfasis en la actividad física diaria y una alimentación equilibrada, puede marcar la diferencia en la salud futura de los niños.
Declaraciones de la OMS
“Nuestra prioridad debe ser garantizar que todos los niños y adolescentes tengan acceso a una atención de calidad y a entornos de apoyo desde una edad temprana, ayudándoles a alcanzar y mantener un peso saludable y sentando las bases para una salud y un bienestar duraderos”, ha señalado la Dra. Luz María De Regil, Directora del Departamento de Nutrición y Seguridad Alimentaria de la OMS.
Estas guías representan un paso importante hacia la estandarización del manejo de la obesidad infantil a nivel global y ofrecen a México y otros países de la región una oportunidad para fortalecer sus estrategias de salud pública.










