La pertenencia es una necesidad humana fundamental, pero a menudo se entiende como algo que se otorga desde fuera: la comunidad, los espacios públicos, los grupos sociales. Sin embargo, pocas veces nos preguntamos quién paga el precio de esa pertenencia y si realmente nos sentimos seguros en los espacios que habitamos. Para las personas que viven con diabetes, esta reflexión cobra especial relevancia, ya que el cuerpo se convierte en un territorio que requiere cuidados constantes y una relación de aceptación y empoderamiento.
El cuerpo como primer territorio de pertenencia
El cuerpo es un paisaje complejo de sensaciones, recuerdos e imaginación. Al igual que un parque o una biblioteca, es un sitio donde podemos crear un sentido de pertenencia y, cuando ha sido vulnerado, tiene la capacidad de sanar y reimaginarse. En el contexto de la diabetes, el cuerpo exige atención, pero también merece ser habitado con amabilidad y sin juicios. Aprender a pertenecernos a nosotros mismos nos permite discernir mejor los espacios externos donde buscamos seguridad y conexión.
El derecho a ocupar espacio
Todos tenemos una noción interna de cuánto espacio merecemos ocupar y con qué libertad podemos movernos. Esta percepción se forma desde la infancia, pero se va moldeando por mensajes restrictivos basados en raza, género, clase, capacidad y otras identidades. En el caso de la diabetes, los mensajes sobre lo que “se puede” o “no se puede” hacer pueden limitar la expresión y la comodidad corporal. Reconocer estos mensajes es el primer paso para cultivar un sentido saludable de pertenencia espacial.
Reclamar el cuerpo como fuente de alegría
Si el cuerpo puede ser objeto de daño, también puede ser un sitio de sanación y alegría. Las personas con diabetes a menudo enfrentan estigmas y juicios, pero el cuerpo sigue siendo un espacio donde se pueden expresar identidades y practicar la autoaceptación radical. Reclamar el cuerpo como un sitio de alegría no niega el dolor, sino que es un acto de reivindicación.
Prácticas para cultivar la pertenencia corporal
Estas prácticas, inspiradas en conceptos de pertenencia encarnada, pueden adaptarse para quienes viven con diabetes, ayudándoles a reconectar con su cuerpo y mejorar su bienestar emocional.
1. Reflexiona sobre los mensajes tempranos
Recuerda un mensaje que hayas recibido sobre cómo debías ocupar el espacio: cómo expresar tu género, dónde podías explorar con seguridad o qué nivel de risa era aceptable. Reflexiona sobre cómo ese mensaje aún vive en tu cuerpo y comportamiento. ¿Cambia tu postura, tu voz o tu disposición a expresar alegría? Crea un nuevo mensaje antes de entrar en un espacio donde ese antiguo mensaje suele surgir, uno basado en tu derecho inherente a expresar una pertenencia espacial saludable.
2. Identifica y transforma experiencias de daño
Identifica una forma en que tu cuerpo haya sido objeto de daño, como haber sido molestado por tu peso, hipersexualizado o perfilado por tu color de piel. Reflexiona sobre esa experiencia sin intentar borrarla, pero imagina crear espacio dentro de tu cuerpo para experimentar alegría pública. ¿Cómo se ve o se siente esa expresión? Quizás sea usar algo que refleje tus valores culturales o tu color favorito, bailar en un parque, andar en bicicleta o caminar junto a un cuerpo de agua.
3. Practica el deambular consciente
El diseño de los espacios públicos y las actitudes sociales a menudo convierten los lugares en meros pasajes en lugar de sitios para quedarse. Esto contribuye a la soledad y la fragmentación social. Para contrarrestarlo, cada vez que salgas de casa, en lugar de pensar en tu viaje como un simple desplazamiento, trátalo como un recorrido. Durante cuatro a seis semanas, elige una forma de deambular en el espacio público: bájate del transporte tres paradas antes y camina, da un paseo lento en bicicleta, explora un nuevo vecindario o visita una galería de arte sin un objetivo específico. Lleva un breve diario reflexionando sobre cómo cada práctica te hace sentir, pensar y moverte. Al final, revisa tu diario y nota qué prácticas te gustaría continuar y cuáles requieren más exploración.
Beneficios para la salud y el control de la diabetes
Estas prácticas no solo fomentan una relación más amable con el cuerpo, sino que también pueden tener un impacto positivo en el manejo de la diabetes. La actividad física, como caminar o andar en bicicleta, ayuda a controlar los niveles de glucosa. Además, reducir el estrés y la ansiedad mediante la conexión corporal puede mejorar la adherencia al tratamiento y la calidad de vida. La meditación y la atención plena, mencionadas en tendencias recientes como la meditación para el amor incondicional, son herramientas valiosas para las personas con diabetes, ya que ayudan a manejar el estrés crónico, un factor que afecta los niveles de azúcar en sangre.
En México, donde la diabetes es una preocupación creciente, adoptar un enfoque integral que incluya el bienestar emocional y la pertenencia corporal puede marcar la diferencia. Medicamentos como la metformina o el Ozempic son esenciales, pero el autocuidado emocional y la actividad física regular son pilares complementarios para una vida plena.
Conclusión
La pertenencia comienza en el cuerpo. Al reconocer y reclamar nuestro derecho a ocupar espacio, a sanar y a experimentar alegría, podemos transformar nuestra relación con nosotros mismos y con el mundo. Para quienes viven con diabetes, este viaje de reivindicación corporal no solo mejora el bienestar emocional, sino que también fortalece el control de la enfermedad. Recuerda que pertenecerte a ti mismo es el primer paso para una vida más saludable y plena.










