Dejar de interesarse por actividades que antes disfrutaba, aislarse, dormir demasiado o muy poco, perder el apetito, mostrarse constantemente irritable o expresar que “ya nada tiene sentido” son cambios que las familias no deberían atribuir automáticamente al envejecimiento, advierte el especialista en salud mental Rodrigo Márquez de la Serna.
La depresión puede presentarse a cualquier edad y no es una consecuencia normal de hacerse mayor. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2023 alrededor de 5.4% de las personas de 70 años o más vivían con depresión, mientras que la soledad y el aislamiento social se encuentran entre los principales factores de riesgo para la salud mental durante esta etapa.
“Uno de los principales problemas es que muchas veces confundimos depresión con vejez. Pensamos que es normal que una persona mayor deje de salir, pierda interés en lo que antes disfrutaba o permanezca aislada. Pero cuando existe un cambio importante y sostenido en su manera de vivir, relacionarse o disfrutar, vale la pena detenernos y preguntarnos qué está pasando”, explica el Mtro. Rodrigo Márquez de la Serna, especialista en salud mental.
En los adultos mayores, la depresión puede manifestarse de manera distinta a como la familia espera. La irritabilidad, el cansancio, los problemas de sueño, la pérdida de apetito, la dificultad para concentrarse o incluso una mayor dependencia pueden ser señales que requieren atención, especialmente cuando aparecen junto con aislamiento o pérdida de interés.
También existen factores que pueden incrementar la vulnerabilidad emocional: la pérdida de la pareja o de personas cercanas, cambios en la independencia, enfermedades crónicas, dolor, jubilación, modificaciones en la situación económica o dejar el entorno en el que la persona vivió durante muchos años.
“En la atención de las personas mayores, es importante mirar más allá de los síntomas y reconocer su historia, su dignidad y sus necesidades emocionales. La familia y los profesionales pueden hacer una gran diferencia cuando identifican cambios persistentes y buscan orientación a tiempo”, señala el Dr. Octavio Márquez Mendoza.
La atención de la salud mental durante el envejecimiento debe contemplar tanto los aspectos emocionales como los físicos y sociales. Mantener rutinas, actividad física de acuerdo con las condiciones de cada persona, contacto con familiares y amigos, actividades significativas y espacios de convivencia puede contribuir al bienestar.

